
Del afamado director Ridley Scott (Gladiador, Blade Runner, Alien: El Octavo pasajero) nos llega Prometheus, cinta precuela de la antes mencionada a pesar de las opiniones que digan lo contrario. Prometheus (2012) nos embarca en una «expedición científica» a un planeta lejano y desconocido, en la cual se pudieran resolver una serie de interrogantes que han atormentado a lo largo de la historia al ser humano: ¿quiénes somos? ¿cuál es nuestro propósito? ¿quiénes son nuestros creadores? Premisa valiente que se apoya para su desarrollo en un amplio y reconocido elenco en el cual resaltan Charlize Theron, Guy Pierce, Noomi Rapace, Idris Elba, Michael Fassbender.

Y qué es lo que tenemos hasta ahora: un relato muy interesante, notables actores y la ciencia ficción/terror del señor Scott ¿qué podría salir mal? Todo, absolutamente todo sale mal, y no me refiero al desenlace de la trama (alerta de spoiler y alerta de cliché: todos mueren), no, me refiero a una película que decepciona bastante, a pesar de tener estos buenos ingredientes. Y es que lo malo de esta cinta pasa por generar muchas dudas y preguntas (y no creo que intencionadas) por culpa de un guion defectuoso de la autoría de Jon Spaihts y Damon Lindelof. Reconocimiento aparte para Lindelof, fiel a su estilo de sumar enemigos allí por donde va. Y es que este guion deforme nos brinda entonces arcos y soluciones argumentales de un absurdo sin precedentes, dando al traste con cualquier intento de tomarnos en serio esta película. Un geólogo aullador que teniendo la tecnología para mapear una estructura gigantesca, se pierde y no sabe regresar a la nave, un biólogo que al encontrarse con una forma de vida alienígena se comporta como si estuviera en presencia de un animal doméstico, un grupo de personas con evidentes, o no, conocimientos científicos y encontrándose en un medio ambiente que puede resultar hostil, deciden violar cualquier protocolo básico de supervivencia en el espacio, se quitan su casco y se aventuran a respirar lo desconocido, la muerte más apática en la carrera cinematográfica de Charlize Theron, son algunos de los finísimos aportes de esta película al género de comedia involuntaria. Y aquí es cuando hago alusión al título: el departamento de recursos humanos de la compañía Weyland (mecenas de la expedición) hace muy mal su trabajo ¿a quién se le ocurre contratar semejantes individuos?

La música y la fotografía no son malas pero no logran resaltar, deambulan hasta la última escena. Quizás lo único destacable (con pinzas) sea el esfuerzo de Fassbender por brindar un personaje atractivo, pero se nos diluye dado lo impreciso que resulta ser para con la historia.

Desgraciadamente lo que prometía ser un producto fascinante termina siendo un largometraje de ciencia ficción con algo de ficción y nada de ciencia, además de un impulso gratuito de ver las otras películas de Ridley Scott. Un audiovisual completo, no por su buen hacer claro está, sino por ofender de igual a todos los campos que toca: Biología, Física, Geek, hasta los propios alienígenas.
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